Falta de sodio en personas mayores

Falta de sodio en personas mayores. ¿Es preocupante?

En el post anterior hablamos de la gonalgia, ese molesto dolor de rodilla tan frecuente entre los mayores que, más allá del malestar físico, puede condicionar su movilidad y la participación en actividades cotidianas. Sin embargo, a menudo olvidamos que muchos problemas que parecen relacionados con los huesos o las articulaciones pueden tener un trasfondo sistémico. Y es que el cuerpo humano funciona como una red interconectada, y la salud de cada órgano y sistema depende del equilibrio de todos sus componentes. Por ejemplo, algo tan aparentemente sencillo como el nivel de sodio en sangre puede influir no solo en los músculos y la movilidad, sino también en la mente y el estado de ánimo. Por eso, hoy queremos abordar en profundidad una patología menos visible, pero igualmente importante: la falta de sodio, o hiponatremia, en la tercera edad.

¿Qué significa tener el sodio bajo?

El sodio es un mineral esencial para la vida. Junto con otros electrolitos, como el potasio y el cloro, participa en el mantenimiento del equilibrio de líquidos dentro y fuera de las células, regula la presión arterial, interviene en la transmisión de los impulsos nerviosos y facilita la contracción muscular. Los niveles de sodio en sangre suelen mantenerse dentro de un rango muy estrecho (135-145 mEq/L) gracias a la acción combinada de los riñones, el sistema hormonal y la sed.

Pero, ¿qué pasa cuando este equilibrio se rompe y el sodio cae por debajo de los 135 mEq/L? En ese caso hablamos de hiponatremia. El organismo empieza a sufrir una alteración en el balance de sales y agua, lo que puede generar síntomas leves o, en casos graves, comprometer órganos vitales como el cerebro o el corazón.

Aunque cualquier persona puede experimentar hiponatremia en determinadas circunstancias, los mayores son especialmente vulnerables por varios motivos. El envejecimiento reduce la capacidad de los riñones para concentrar la orina, la sensación de sed disminuye con la edad y la polimedicación es frecuente en este grupo etario. Todo ello hace que el control del sodio sea más delicado y que pequeños desequilibrios puedan desencadenar problemas clínicos serios.

Falta de sodio en personas mayores

La hiponatremia en ancianos

La hiponatremia es, de hecho, una de las alteraciones electrolíticas más comunes en pacientes hospitalizados y en residencias de mayores. Diversos estudios han demostrado que la prevalencia de hiponatremia en ancianos puede alcanzar el 15-30% en ciertos contextos. No se trata de un simple número bajo en una analítica: sus consecuencias pueden ser desde leves molestias hasta alteraciones graves de la conciencia, caídas, fracturas e incluso mayor mortalidad.

Pero ¿por qué es tan peligrosa en la vejez? Principalmente porque el cuerpo de las personas mayores responde de forma menos eficiente a los cambios. Además, los síntomas de la hiponatremia pueden confundirse fácilmente con el envejecimiento normal, con cuadros de demencia o con efectos secundarios de medicamentos, lo que retrasa el diagnóstico.

Por todo ello, desde la Residencia Argaluza insistimos en la importancia de la vigilancia activa y el abordaje temprano de cualquier alteración en los niveles de sodio, ya sea en personas autónomas o en aquellas que necesitan ayuda para las actividades diarias.

La hiponatremia puede presentarse de manera súbita (aguda) o progresiva (crónica). Dependiendo de la velocidad con que se desarrolla y del grado de descenso del sodio, los síntomas varían en intensidad y gravedad.

Conocer estos síntomas es clave para detectar a tiempo cualquier problema y evitar complicaciones mayores. Por eso vamos a diferenciar entre síntomas graves, moderados y leves, con ejemplos prácticos que pueden ayudar tanto a los profesionales como a los familiares a estar atentos.

Síntomas graves

  • Confusión aguda y delirios. La persona puede mostrar un cambio brusco en el estado mental, no reconoce a sus familiares o dice cosas incoherentes.
  • Convulsiones. Se trata de movimientos involuntarios, pérdida de control muscular o episodios similares a desmayos.
  • Pérdida de consciencia o coma. Si el sodio cae muy rápido, el cerebro sufre un edema (hinchazón) y la persona puede entrar en coma.
  • Paro respiratorio. En casos extremos, la afectación neurológica puede llevar a la pérdida de la capacidad de respirar de manera autónoma.

Estos síntomas requieren atención médica urgente, ya que pueden comprometer la vida de la persona.

Síntomas moderados

  • Dolor de cabeza persistente. No remite con analgésicos y se acompaña de sensación de «cabeza embotada».
  • Náuseas y vómitos. Aparecen sin causa aparente y pueden ser resistentes al tratamiento habitual.
  • Fatiga o debilidad intensa. Más allá del cansancio habitual, se nota una incapacidad para realizar tareas simples, como levantarse de la silla o caminar unos pasos.
  • Desorientación temporal y espacial. La persona se pierde en lugares conocidos o confunde la hora y la fecha.

Estos síntomas, aunque menos dramáticos, pueden evolucionar hacia complicaciones graves si no se interviene a tiempo.

Síntomas leves

  • Calambres musculares. Sobre todo por la noche o tras un pequeño esfuerzo.
  • Sensación de cansancio o somnolencia leve. Falta de energía, tendencia a dormir más de lo habitual o apatía.
  • Dificultad para concentrarse. Problemas para seguir una conversación o para recordar cosas cotidianas.
  • Inestabilidad al caminar. Pequeños tropiezos o dificultad para mantener el equilibrio.

No conviene subestimar estos signos. Aunque puedan parecer propios de la edad, pueden ser la primera señal de una hiponatremia, especialmente si aparecen varios a la vez o son nuevos para la persona.

Además, la falta de sodio aumenta el riesgo de caídas, fracturas y hospitalizaciones, lo que repercute directamente en la autonomía y la calidad de vida de los mayores.

Falta de sodio en personas mayores

Causas más comunes de la hiponatremia en mayores

Entender por qué se produce la hiponatremia en ancianos es fundamental para prevenirla y tratarla. No siempre se trata de una causa única; con frecuencia, hay varios factores sumados. Los más habituales son:

  • Consumo excesivo de agua. Puede sonar contradictorio, pero beber más agua de la que los riñones pueden eliminar diluye el sodio en sangre. Esto ocurre especialmente en personas con insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca o cuando, por miedo a la deshidratación, se recomienda ingerir grandes cantidades de líquidos sin control.
  • Uso de medicamentos. Muchos fármacos usados por personas mayores pueden favorecer la eliminación de sodio, como los diuréticos (para la hipertensión o insuficiencia cardíaca), ciertos antidepresivos (ISRS) y antiepilépticos, además de algunos tratamientos para el cáncer.
  • Enfermedades renales, cardíacas o hepáticas. Estas patologías alteran el manejo de agua y sal por parte del organismo, facilitando la retención de líquidos y la dilución del sodio.
  • Trastornos hormonales. La insuficiencia suprarrenal (Addison) o el hipotiroidismo pueden reducir la capacidad del cuerpo para regular el sodio.
  • Dietas bajas en sal. Aunque es recomendable moderar el consumo de sal para controlar la hipertensión, una dieta extremadamente baja en sodio, sin indicación médica y especialmente en personas con otras enfermedades, puede ser contraproducente.
  • Síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética (SIADH). Es una causa frecuente en ancianos, donde el cuerpo libera demasiada hormona antidiurética y retiene agua, diluyendo el sodio.
  • Pérdidas gastrointestinales. Diarreas, vómitos persistentes o sondas nasogástricas pueden provocar un descenso del sodio al perderse grandes volúmenes de líquidos y sales.
  • Interacciones medicamentosas. A veces la combinación de varios tratamientos puede tener un efecto sumatorio en la disminución de sodio.
  Alteraciones conductuales en ancianos

Un aspecto importante es que, a diferencia de las personas jóvenes, los mayores pueden tener una disminución lenta y progresiva del sodio, lo que enmascara los síntomas y retrasa el diagnóstico.

¿Cómo prevenir el sodio bajo en ancianos?

La prevención de la hiponatremia es un reto, pero existen estrategias eficaces que pueden aplicarse tanto en el entorno residencial como en el hogar:

  1. Hidratación consciente. Beber suficiente agua es fundamental, pero sin caer en excesos. La cantidad ideal depende de cada persona, su estado de salud, su dieta y el clima. Como norma general, entre 1,5 y 2 litros de agua al día es suficiente para la mayoría de los mayores. Sin embargo, si existen enfermedades renales, cardíacas o hepáticas, el médico debe ajustar esta recomendación.
  2. Revisión periódica de la medicación. Dado que muchos medicamentos pueden inducir hiponatremia, es crucial revisar las recetas de forma periódica con el médico o farmacéutico, sobre todo tras cualquier cambio o incorporación de nuevos tratamientos. No suspendas ningún medicamento por tu cuenta, pero sí consulta si observas síntomas compatibles con falta de sodio.
  3. Controles analíticos regulares. Los análisis de sangre permiten detectar alteraciones en los niveles de sodio antes de que aparezcan síntomas graves. En la Residencia Argaluza realizamos revisiones periódicas para todos nuestros residentes, ajustando las medidas según los resultados.
  4. Dieta equilibrada y adaptada. La alimentación debe ser variada, con aporte adecuado de frutas, verduras y proteínas, pero sin restricciones de sal extremas salvo indicación médica. Si el mayor tiene una enfermedad que exige limitar la sal, debe hacerse bajo supervisión de un nutricionista o del equipo médico.
  5. Educación y formación a familias y cuidadores. Es fundamental que quienes conviven con personas mayores sepan reconocer los signos iniciales de hiponatremia y cuándo acudir al profesional sanitario. Muchas veces, la familia es quien detecta los primeros cambios de ánimo, confusión o debilidad.
  6. Cuidado con el calor y el ejercicio. En épocas de altas temperaturas o durante el ejercicio físico, se pierden más líquidos y sales a través del sudor. En estos casos, puede ser necesario ajustar la ingesta de líquidos y sal, siempre bajo indicación médica.
  7. Atención personalizada. Cada persona es diferente. En la Residencia Argaluza adaptamos la prevención de la hiponatremia al estado de salud, antecedentes médicos y hábitos de cada residente, combinando la tecnología (registros y alertas digitales) con la observación clínica directa y la comunicación con familias.
  • No forzar la ingesta de agua si no hay sed, a menos que el médico lo indique.
  • Supervisar la toma de diuréticos y otros fármacos, especialmente ante episodios de vómitos o diarrea.
  • Observar y anotar cualquier cambio en el comportamiento, la movilidad o el estado mental del mayor.
  • Consultar al médico ante la aparición de síntomas nuevos, aunque sean leves.
  • Evitar dietas restrictivas sin control profesional.
Falta de sodio en personas mayores

El papel de las residencias en la prevención y el abordaje de la hiponatremia

En centros como la Residencia Argaluza, la vigilancia de la salud general y el bienestar de nuestros residentes es una prioridad. Contamos con protocolos de prevención de caídas y revisiones médicas periódicas, que incluyen controles de electrolitos y detección precoz de síntomas compatibles con hiponatremia.

Trabajamos de la mano de familias, médicos, enfermeros, nutricionistas y auxiliares para crear un entorno seguro y saludable, donde cada residente recibe la atención y el seguimiento que necesita, respetando siempre su autonomía y preferencias.

En definitiva, la falta de sodio en personas mayores es una patología seria, pero es posible prevenirla y tratarla si se actúa a tiempo. La clave está en la información, la observación y el trabajo en equipo entre profesionales y familiares.

En Argaluza, nuestro compromiso es cuidar de cada detalle para que nuestros mayores vivan con salud, dignidad y alegría. Si tienes dudas sobre la hiponatremia o cualquier otro aspecto de la salud en la tercera edad, no dudes en consultarnos. Estaremos encantados de orientarte.

Referencias consultadas

  • Lobo-Rodríguez, C., García-Pozo, A. M., Gadea-Cedenilla, C., Moro-Tejedor, M. N., Marcos, A. P., & Tejedor-Jorge, A. (2016). Prevalencia de hiponatremia en pacientes mayores de 65 años que sufren una caída intrahospitalaria. Nefrología, 36(3), 292-298. https://bit.ly/43HppUW
  • Spasovski, G., Vanholder, R., Allolio, B., Annane, D., Ball, S., Bichet, D., Decaux, G., Fenske, W., Hoorn, E. J., Ichai, C., Joannidis, M., Soupart, A., Zietse, R., Haller, M., Van Der Veer, S., Van Biesen, W., Nagler, E., Gonzalez-Espinoza, L., & Ortiz, A. (2017). Guía de práctica clínica sobre el diagnóstico y tratamiento de la hiponatremia. Nefrología, 37(4), 370-380. https://bit.ly/45nfWVB

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