Presión arterial en verano: el calor en personas mayores

Presión arterial en verano: cómo afecta el calor a las personas mayores

El verano trae consigo días más largos, mayor exposición a la luz natural y más oportunidades para disfrutar del aire libre. Sin embargo, en las personas mayores, el aumento de las temperaturas no siempre representa una buena noticia. El calor puede afectar significativamente a su salud. Durante los meses cálidos, las variaciones de tensión son más frecuentes y, en algunos casos, pueden desencadenar complicaciones. Además, la sudoración excesiva puede contribuir a desequilibrios como la falta de sodio en las personas mayores, lo que agrava aún más el riesgo. Por eso, en este post exploraremos cómo influye el calor en la presión arterial de los más mayores y qué medidas pueden adoptarse para prevenir sus efectos.

¿Cómo afecta el calor a la presión arterial en personas mayores?

Nuestro cuerpo dispone de mecanismos para regular la temperatura interna cuando el ambiente se vuelve cálido. Uno de los principales es la vasodilatación: los vasos sanguíneos se ensanchan para permitir que el calor salga a través de la piel. Este fenómeno, aunque fisiológicamente útil, también implica que la sangre circula con menos presión. Por ende, la tensión arterial puede disminuir de forma significativa.

En una persona joven, el sistema cardiovascular puede compensar esta bajada con relativa rapidez. En cambio, las personas mayores presentan una menor capacidad de adaptación. Con la edad, los vasos se vuelven más rígidos, el corazón responde con menos eficacia y la regulación autonómica se ve comprometida. Por todo ello, la presión arterial en la tercera edad es más sensible ante los cambios de temperatura, especialmente cuando hay deshidratación.

Cabe señalar también que no todas las personas reaccionan igual al calor. Mientras que en algunos se produce una hipotensión evidente, en otros puede desencadenar hipertensión por el estrés térmico, la mala adaptación o la interferencia de medicamentos. De ahí que sea necesario un enfoque personalizado para evaluar y manejar cada situación.

Efectos del calor sobre la presión arterial: subidas y bajadas

El calor puede afectar a la tensión arterial de dos maneras aparentemente contradictorias:

  • Bajada de tensión (hipotensión). Es común cuando las temperaturas son muy altas y hay deshidratación. La vasodilatación y la pérdida de líquidos reducen el volumen de sangre y la presión.
  • Subidas de tensión (hipertensión). Aunque menos frecuente en ambientes calurosos, puede producirse en personas con enfermedades crónicas mal controladas, o como efecto rebote al interrumpir la medicación. Además, el calor puede generar estrés físico y emocional, factores que también inciden en la hipertensión.

Medicación y calor. Qué tener en cuenta

Muchas personas mayores siguen tratamientos farmacológicos crónicos, entre los que destacan los antihipertensivos, diuréticos, betabloqueantes y vasodilatadores. Todos estos medicamentos tienen un impacto directo sobre la regulación de la tensión arterial, y su interacción con el calor puede ser peligrosa si no se gestiona correctamente.

Uno de los principales problemas es la deshidratación inducida por diuréticos, especialmente en quienes no ajustan la dosis en verano o no reciben suficiente seguimiento médico. Los diuréticos aumentan la eliminación de líquidos y pueden precipitar cuadros de hipotensión. Esto es aún más crítico cuando se acompaña de vómitos, diarrea o inapetencia, síntomas comunes en épocas de mucho calor.

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Además, algunos antihipertensivos pueden dificultar la capacidad del cuerpo para sudar y, por tanto, para disipar el calor. Esto favorece la retención térmica y puede aumentar el riesgo de golpes de calor.

Por ello, es fundamental que la medicación sea revisada antes y durante los meses más calurosos. El médico debe evaluar si es necesario ajustar la dosis, cambiar de principio activo o reforzar la hidratación. También es aconsejable llevar un control domiciliario de la tensión, anotando las variaciones y consultando cualquier síntoma inusual.

Síntomas de una bajada de tensión

Los síntomas de una bajada de tensión en ancianos pueden pasar desapercibidos o confundirse con otras condiciones. Reconocerlos a tiempo puede evitar caídas, lesiones o episodios de mayor gravedad.

Diferencias entre hipotensión leve y grave

La hipotensión leve puede manifestarse con mareos, cansancio, visión borrosa y una sensación general de debilidad. En cambio, la hipotensión grave suele provocar desmayos, dificultad para hablar o moverse, confusión mental o incluso pérdida de conciencia.

Signos físicos y alteraciones cognitivas 

Los cambios en la presión arterial en personas mayores pueden generar alteraciones conductuales o cognitivas como lentitud de pensamiento, irritabilidad, agitación, falta de equilibrio o somnolencia excesiva.

¿Qué hacer ante un episodio de hipertensión en una persona mayor?

Si un anciano presenta cifras elevadas de tensión arterial en verano, lo primero es mantener la calma. Es importante medir la tensión en condiciones adecuadas (reposo, ambiente tranquilo) y observar si hay síntomas como dolor de cabeza, malestar general, visión doble, sensación de presión en el pecho o dificultad para respirar.

En casos leves, puede bastar con reposo, hidratación y evitar estímulos estresantes. Sin embargo, si las cifras superan los 180/110 mmHg o hay signos de alarma, se debe buscar asistencia médica inmediata. Nunca se debe administrar una dosis extra de medicación sin indicación específica, ya que podría provocar una caída brusca de la presión.

Cómo prevenir problemas de presión arterial en verano

Prevenir las alteraciones de la presión arterial durante los meses cálidos implica una combinación de hábitos saludables, vigilancia activa y adaptación del entorno. Estas son algunas estrategias clave:

Una buena hidratación y alimentación

El organismo de las personas mayores necesita mantenerse constantemente hidratado para funcionar de forma óptima, especialmente en verano, cuando se pierde más líquido a través del sudor. Beber agua de forma regular, incluso sin tener sed, ayuda a prevenir tanto la deshidratación como las bajadas de tensión. Además, optar por infusiones frías, caldos suaves y zumos naturales puede resultar más apetecible durante los días calurosos. En cuanto a la alimentación, conviene incorporar frutas y verduras frescas, ricas en agua y minerales. Evitar comidas copiosas, muy saladas o con alto contenido en grasas también contribuye a mantener estable la presión arterial.

El ambiente donde se pasa la mayor parte del tiempo debe estar acondicionado para resistir el calor. A primera hora de la mañana y por las noches se deben ventilar las habitaciones y zonas comunes y, durante las horas centrales, cerrar persianas para mantener la temperatura interior bajo control. No se debe abusar de ventiladores o aires acondicionados.

Para la ropa, lo ideal es utilizar tejidos naturales y frescos, como el lino, prendas amplias y colores claros. De esta forma favorecemos la transpiración y reduciremos la sensación térmica, que evita que el cuerpo tenga que hacer un esfuerzo adicional para regular su temperatura.

Ejercicio físico moderado y seguro para mayores

La actividad física tiene beneficios sobre el sistema cardiovascular, sin embargo, debe adaptarse al clima de cada estación. En verano, conviene realizar ejercicio físico a primera hora del día o al atardecer, evitando así las horas de máximo calor. Realizar estiramientos, practicar yoga o ejercicios de psicomotricidad son excelentes opciones que pueden realizarse en interior.

Mantener el cuerpo activo favorece la circulación, reduce el estrés y ayuda a estabilizar la tensión sin provocar sobrecargas.

Control regular de la tensión arterial: herramientas y frecuencia

Llevar un control sistemático de la presión arterial es fundamental para detectar cualquier desviación. Utilizar un tensiómetro homologado, medir siempre a la misma hora del día en condiciones de reposo y anotar siempre los resultados permite hacer un seguimiento riguroso.

Esta práctica ayuda a tomar decisiones informadas sobre la medicación y a evitar sustos inesperados. Si se observan cambios bruscos o valores persistentes fuera de lo habitual, es recomendable consultar con un médico para ajustar el tratamiento o valorar nuevas medidas preventivas.

¿Qué personas mayores están en mayor riesgo de sufrir de hipertensión en verano?

Los mayores con ciertas afecciones o características funcionales son más susceptibles a las alteraciones de la presión arterial durante el verano. La combinación de patologías crónicas, cambios fisiológicos relacionados con la edad y factores ambientales convierte a estos perfiles en prioritarios a la hora de establecer medidas de prevención.

  • Personas con antecedentes de hipertensión arterial o enfermedades cardiovasculares. Aquellos con historial de hipertensión son especialmente vulnerables a las variaciones térmicas. El calor puede interferir con su tratamiento habitual, alterar la respuesta vascular y provocar descompensaciones, tanto por exceso (hipertensión sostenida) como por defecto (hipotensión por vasodilatación). 
  • Personas con insuficiencia renal o hepática. La función renal participa activamente en el control de la tensión arterial. En pacientes con insuficiencia renal, este equilibrio ya está alterado de normal. Por tanto, el calor, la deshidratación y el uso de diuréticos pueden empeorar la función renal residual y provocar desequilibrios electrolíticos y picos de tensión. En el caso del hígado, su deterioro afecta la regulación del volumen sanguíneo y la distribución de líquidos, factores clave en los fenómenos de hipertensión o hipotensión.
  • Mayores que toman múltiples medicamentos. La polimedicación es frecuente en ancianos, y el riesgo de interacciones aumenta en verano. Los diuréticos, en particular, incrementan la pérdida de líquidos y sodio potenciando el riesgo de hipotensión y deshidratación. Fármacos como betabloqueantes, inhibidores de la ECA o antagonistas del calcio también requieren especial atención. Esto es así porque sus efectos pueden verse amplificados por el calor o por cambios en la ingesta de líquidos y alimentos.
  • Personas con demencia. Las personas con deterioro cognitivo tienen una menor capacidad para expresar malestar, sed o síntomas inespecíficos como mareo o confusión. Esto dificulta la detección precoz de una bajada o subida de tensión. La falta de autopercepción también puede llevar a comportamientos de riesgo, como salir al exterior en horas de más calor o rechazar líquidos.
  • Mayores con limitaciones de movilidad. La inmovilidad o la dependencia para actividades básicas de la vida diaria impiden muchas veces adaptar el entorno o la conducta ante el calor. Permanecer en habitaciones mal ventiladas, con ropa inadecuada o sin acceso regular a líquidos incrementa el riesgo de descompensación. Además, estos pacientes suelen tener una musculatura menos activa, lo que repercute en la regulación del retorno venoso y favorece la aparición de hipotensión ortostática.
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En todos estos casos, el seguimiento debe ser más estrecho y personalizado.

Otros efectos del calor en la salud de los ancianos

El calor no solo afecta a la tensión arterial. También puede provocar deshidratación, insolación, agotamiento por calor, alteraciones del sueño, disminución del apetito y caídas. Estos efectos, si se acumulan, debilitan el organismo y lo hacen más propenso a infecciones, problemas respiratorios y descompensaciones metabólicas.

Además, el aislamiento social, más frecuente en verano por vacaciones familiares o cierre de centros de día, puede contribuir a un empeoramiento del estado general. La falta de estímulos y supervisión agrava los riesgos.

Cómo protegemos a nuestros mayores del calor en residencia Argaluza

En Residencia Argaluza aplicamos un protocolo de verano centrado en la prevención y el bienestar integral. Monitorizamos la tensión arterial de forma regular, ajustamos las pautas de medicación, ofrecemos menús adaptados al calor, controlamos la hidratación y organizamos actividades cognitivas y sociales en espacios climatizados.

También formamos al personal en la detección temprana de signos de deshidratación o alteraciones tensionales, y mantenemos una comunicación constante con las familias. Porque cuidar de nuestros mayores es cuidar de cada detalle, especialmente cuando el entorno puede convertirse en un factor de riesgo.

Referencias consultadas

Euskadi.Eus. (s. f.). Recomendaciones para prevenir los efectos del calor. Basque Administration Web Portal. http://bit.ly/44RGu0u

Hipertensión arterial en mayores de 65 años. (2022, 2 febrero). Basque Administration Web Portal. http://bit.ly/4lHxT6m

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